Liposucción VASER (IV Parte)

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… Al entrar en el hotel me encontré una recepción pobremente iluminada por unas bombillas de 60w, frente a la puerta giratoria se encontraba un joven dormitando en una silla reclinada en la pared, al lado un señor mayor sentado en un sillón y durmiendo sobre sus brazos en una mesa baja.

La recepción no se puede decir que les alegrara mucho, me dió la llave, sí, llave, nada de tarjetas modernas, llave de hierro y de aproximadamente 5 ó 10 cm. El ascensor se veía que claramente no estaba en la construcción de los años 40 cuando posiblemente se inauguró el hotel; era estrecho con doble puerta y peligroso para lo que hoy consideramos normal.

Planta tercera, pasillo interminable, oscuro, tétrico… allí cualquier cosa podía pasar. Qué largo era el pasillo hasta llegar a la habitación. No me defraudó la “room”, era igual que lo que hasta ahora había visto, salvo en el olor que era profundo, acre, insoportable (al parecer, habitación para fumadores).

Al día siguiente, después del desayuno que me ahorro describir, tomé un taxi para la consulta del Dr. de Souza.

La clínica era de planta baja, algo antigua y unida a un pequeño hospital de la misma época y en medio una garita donde estaba un fornido señor con una “escopeta” repetidora, estaba allí por si acaso.

El trato con el Dr. de Souza es agradable y se aprende de simplemente escucharlo.Su experiencia y conocimiento se respira cada vez que habla. Estuvimos en quirófano y me enseñó el prototipo de VASER con el que el aún trabajaba. Fue interesante y comprobé las posibilidades del ultrasonido de última generación. Intervino a varios pacientes con maestría y los resultados eran evidentes.

Desde aquel mismo momento decidí que a la vuelta a España compraría el VASER, era una buena herramienta para mejorar los resultados de la remodelación corporal.

Ya era hora de volver al hotel, aún era de día, la temperatura agradable. Ewaldo me preguntó cómo iba a ir al hotel, “ andando, está a un par de km y el día es agradable “, “no puede ser, se nota que eres extranjero y es peligroso”. Llamó a un señor que era su chófer, el coche era un todo terreno que olía a nuevo, no sabía qué hablar con aquel amable señor, así que qué mejor tema que hablar del flamante coche; él orgulloso golpeó el cristal de la ventanilla y dijo: “los cristales son antibalas”… ¡¡¡Dios, dónde estaba yo¡¡¡

Continuará …

Fdo. Dr. Francisco Tudela Mallen.

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