Liposucción VASER (III Parte)

      … Llegué a Sao Paulo en el vuelo de las once – once y media de la noche, al salir del aeropuerto un enjambre de supuestos “taxistas” se echaron sobre mi cogiéndome de los brazos y ofreciendo llevarme a cualquier lugar por un precio que, después, me daría cuenta era una robo (por internet, había averiguado que a la salida había una oficina de taxis oficiales).
Parecía que con la organización de los taxis, la lucha que se desata al llegar a una ciudad desconocida en estos países había desaparecido. Cuando me tocó mi turno dije a donde me dirigía y me mostraron el importe, pagué y me dieron un número que correspondía con mi coche.
Me sentí aliviado al conocer a mi taxista, era un hombre de mediana edad, aseado y sonriente. Me acomodé en los asientos traseros, y salimos del aeropuerto camino de la ciudad costera de Santos que estaba aproximadamente a unos 120-130 kms.
Los primeros veintitantos kms parecía que íbamos por los barrios o pueblos que circundan a Sao Paulo, eran calles y avenidas con luz de farolas. Íbamos rectos rectos rectos, tan rectos que ví unas balizas  de señalización de aproximadamente un metro de altura  a unos 50 metros, el coche se dirigía hacia ellos. Le dije en voz baja al conductor que las balizas estaban en nuestra trayectoria, no hubo respuesta, levanté la voz pero no cambiaba la dirección, le toqué en el hombro pero ya era demasiado tarde… se “despertó” y dió un volantazo que no pudo evitar que colisionara con el lado derecho del vehículo; de las balizas salió agua y de mi cuerpo el corazón, él ni se inmutó, solo dijo que tenía sueño, que “tenía sueño” y nos  quedaban 100 kms.
Desde ese momento, no dejé de intentar comunicarme con él aunque era realmente difícil. Yo no hablo portugués, pero a aquel señor no lo entendían ni los propios del lugar; le preguntaba por el coche, el precio de la gasolina, por su familia… todo, con tal de saber si seguía despierto.
Dejamos la zona iluminada y comenzamos a ir por una autovía, la noche estaba oscura, sin luna pero diáfana, cada ciertos kms había un cartel que decía “zona de niebla”, fue al comentarle al conductor (por hablar algo) ‘la suerte que teníamos de que no hubiese niebla y salir de un túnel’ cuando nos metimos de lleno en una especie de “puré” en el que difícilmente se veían las luces del coche delantero.
El taxista dando cabezadas, la niebla espesa, la carretera de montaña, intentos de adelantar a otros coches… ¿podía faltar algo? Sí! delante de nosotros se veían luces como un árbol de Navidad, al pasar a su lado vimos que un coche se había salido del asfalto y la policía le estaba ayudando. Volví a insistir a mi conductor que nos echásemos a un lado y durmiese unos minutos, no dejaba de dar cabezadas… ¡¡Lo que hay que hacer para aprender algo¡
Lo mismo que nos metimos salimos de la niebla, y allí abajo estaba la ciudad costera de Santos. En pocos minutos estaría en el hotel, era más de la una de la madrugada. El GPS del coche nos llevó hasta el paseo marítimo pero el hotel Atlántico no aparecía, conecté mi San Google maps y ví cómo nos aproximábamos al punto de llegada y volvíamos a distanciarnos, hasta que me pareció ver una tenue luz que iluminaba un cartel donde ponía “Hotel Atlántico”…
Fdo. Dr. Francisco Tudela Mallen.
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